La meditación es una práctica sencilla y a disposición de todos que reduce el estrés, aumenta la calma, la claridad mental, la concentración, la creatividad y promueve la felicidad interior. Aprender a meditar es sencillo y los beneficios no tardan en llegar.

Algunas personas tienen un concepto equivocado sobre la meditación. Es frecuente escuchar que meditar va unido a formar parte de alguna religión o sistema de culto. Pero la meditación nada tiene que ver con ser budista, cristiano, yogi, místico o marciano… (cualquiera de ellos podría meditar). Meditar tiene que ver con conectar contigo mismo, con la verdad más profunda de tu ser. Una verdad desprovista de mayas y conceptos limitadores cargados de miedo. Meditar es re-conocer y re-conectar con tu verdadera esencia plena de paz, confianza y amor.

El tiempo como la mente es horizontal, un día sigue al anterior y un pensamiento va detrás del siguiente. Sin embargo la meditación es vertical, te asoma a las profundidades y te eleva a las alturas. En palabras de Osho:

-La meditación significa detener tanto el tiempo co­mo la mente, y elevarse a la eternidad. La eternidad no forma parte del tiempo, y tampoco es un pensamiento; es una experien­cia. La mente no medita, no es algo propio de la mente. La meditación va más allá de la mente, es tu naturaleza, tu propio ser.  Y el primer paso para meditar es asumir una actitud lúdica frente a la medita­ción. Si tomas la meditación como al­go divertido, la mente no podrá des­truir tu meditación-.

Aquí van algunas claves básicas de meditación para principiantes para comenzar un camino hacia una mayor paz interior, ecuanimidad, consciencia, aceptación y alegría. Respira hondo y prepárate para relajarte:

 

Reserva unos minutos para “hacer nada”

Comienza haciendo sólo esto las primeras veces. Tómate 10 minutos y practica HACER NADA.

-Hacer nada- es algo que hoy en día se hace difícil. Somos adictos a la acción física y mental. Hay varias razones por las que es difícil comenzar a meditar. En primer lugar nuestro cerebro escanea, evalúa, juzga y ordena constantemente. No hay nada «incorrecto» en nuestras mentes activas. El juicio y la evaluación son básicos para la supervivencia y nos ayudan a procesar eficazmente nuestra experiencia cotidiana.

Por otra parte, el frecuente uso de la tecnología y su impacto en nuestra química cerebral, nuestra tendencia cultural hacia la extroversión y la propensión a la multitarea, tampoco facilitan la tarea de encontrar ese momento para -hacer nada-. Igualmente inténtalo. Lo único que necesitas es un poco de paciencia. Prueba este experimento, te llevará dos minutos. 😉

 

No te “fuerces” a permanecer inmóvil

Sobre todo en las primeras prácticas meditativas se nos hace muy difícil permanecer inmóviles en una postura. Todos tenemos en mente la imagen del buda sentado capaz de no mover un sólo pelo de su cuerpo por horas… Sin embargo, si “forzamos” el cuerpo a no moverse, estamos “resistiendo y luchando” contra nuestra naturaleza. La inmovilidad llega por sí misma. Con la práctica, llegarás a ese momento de silencio meditativo en el que trasciendes el cuerpo y los impulsos de movimiento sencillamente desaparecen. Así es que, hasta que esto ocurra, si te pica la nariz te rascas. Si sientes cosquilleo en una pierna, la mueves. No te obsesiones con ello.

Siéntate cómodamente, cierra los ojos, comienza a respirar lentamente y da libertad a tu cuerpo y a tu mente.

 

No te “fuerces” a no pensar o mantener la mente en blanco

Recuerda entrar en meditación con un espíritu curioso, explorador y sobre todo abierto a permitir que las cosas sucedan sin expectativas. No existe meditar bien o mal, sencillamente se experimenta o no. Y como todo en la vida, la práctica hace al maestro. 😉

Concéntrate en la respiración, en su sonido, en su movimiento. La respiración, al ser un acto automático y repetitivo es un buen ancla para fijar nuestra atención. Igualmente puedes usar un mantra como ancla, por la misma razón, al ser un acto repetitivo, ayudas a la mente a mantenerse concentrada en repetir el mantra. Un mantra puede ser cualquier palabra o conjunto de palabras que te guste especialmente o te eleve la energía. Por ejemplo, Paz, Gracias, Om etc.También en tus primeras prácticas te puede ser útil concentrarte en un objeto en particular; una vela, una flor…

Si aparecen pensamientos déjalos fluir, no los resistas, sólo obsérvalos sin juicio y déjalos ir. Los pensamientos desaparecen cuando no te identificas con ellos. Si por el contrario te esfuerzas en que desaparezcan, conseguirás el efecto contrario porque les estarás prestando atención.

Regresa una y otra vez

Después de algunas respiraciones, invariablemente, la mente volverá a vagar. Es natural, no te culpes por ello o te resistas. Vuelve a concentrarte en la respiración o en aquello que hayas elegido cuando esto ocurra. Lo importante es cómo respondemos cuando esto sucede. La habilidad de meditar se construye en la práctica de “regresar”, de volver una y otra vez del pensamiento al silencio . Simplemente observa los pensamientos, sin atribuirles juicio, sin dejar que te lleven lejos en divagaciones y no tardes en regresar al momento presente y reanudar tu meditación. Regresa una y otra vez. Todas las que haga falta.

Son los momentos de profundo silencio entre pensamiento y pensamiento  los que te permiten experimentar la meditación.

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A medida que practicamos la meditación, nuestro sentido del yo cambia. En lugar de prestar atención a las nubes que se dibujan en el cielo, nos damos cuenta del cielo que contiene a las nubes. En lugar de limitarnos en los pensamientos, nos expandimos en el espacio que hay entre ellos.  En lugar de sonido, escuchamos el silencio que lo permite. Entonces comenzamos a percibir que somos el cielo, el espacio, el silencio…

ॐ ॐ ॐ